Rusia prepara la mayor ola de privatizaciones de empresas públicas desde las efectuadas en los años 1990 tras el desmoronamiento de la Unión Soviética, con el objetivo de controlar sus finanzas y modernizar su economía, aunque, según analistas, la transparencia tampoco está garantizada esta vez.
Las autoridades rusas establecieron una lista de 11 empresas públicas o semipúblicas, entre ellas grandes bancos y grupos petroleros, que pondrán en venta de forma parcial en el marco de nuevas privatizaciones.